Acompaña a una empresa desde la prospección comercial hasta el cumplimiento del Reglamento Europeo de IA. Once agentes, un expediente por proyecto y un plan de implantación que se escribe solo. Todo dentro de la casa: modelo local, índice local, cero nube.
Del mensaje al plan
Qué es
Implantar IA en una empresa es, antes que un problema técnico, un problema documental: hay que analizar el negocio, medir si sus datos dan para algo, decidir el enfoque, justificar la inversión, planificar el despliegue y responder de todo ello ante una norma europea. Ese trabajo se hace hoy con un chat abierto en una pestaña y una carpeta de documentos sueltos, y se pierde entero entre un cliente y el siguiente. Lideria lo convierte en un sistema: cada módulo produce un artefacto, cada artefacto rellena por sí solo la sección que le toca de un plan de implantación de doce secciones, y todo queda en la memoria del proyecto —indexada y buscable por significado— para alimentar la siguiente pregunta. Y corre entero en la máquina de quien lo usa.
Para quién
Quien implanta IA en empresas: consultoras, departamentos de innovación y equipos internos que tienen que dejar por escrito qué hicieron, por qué y bajo qué obligación legal —y que trabajan con información que no puede salir de la organización.
Cómo funciona
A.R.I.A. decide antes de responder
El orquestador no contesta directamente: primero pregunta al modelo si la petición se resuelve hablando o si toca delegar, y en quién. Si delega, ejecuta el agente especializado y reescribe su salida para el usuario sin enseñar la cocina. Vive en dos sitios a la vez: el chat principal y un panel flotante que sabe en qué pantalla estás y propone la acción que falta.
Once agentes, cinco módulos, diecisiete mesas de trabajo
Estrategia comercial, factoría de soluciones, gobernanza y Hub MCP. Mercado → viabilidad → propuesta van encadenados: cada paso recibe el contexto del anterior. Y donde hay un cálculo que no debe inventarse —la puntuación de viabilidad, la postura de seguridad— lo hace el backend con una fórmula fija, no el modelo.
El plan de implantación se rellena solo
Doce secciones, de la preparación del contexto a los anexos. Cada tipo de artefacto sabe a qué sección pertenece: un análisis de mercado cae en la 2, una viabilidad en la 3, una propuesta en la 4. El trabajo del día se convierte en documento sin que nadie lo copie a mano, y el porcentaje de plan completado es visible desde el primer panel.
Un expediente por proyecto, con memoria propia
Cada proyecto tiene su propio fichero: artefactos, actividad, el plan y un índice semántico construido con embeddings locales. Al preguntar algo, el sistema recupera por significado lo que ya se dijo en ese proyecto y lo mete en el contexto. La memoria no es global ni compartida: es del expediente.
Cliente MCP escrito desde cero
JSON-RPC 2.0 por entrada y salida estándar, sin usar el SDK: negociación, listado de herramientas y ejecución real contra servidores externos. El explorador construye el formulario de cada herramienta a partir de su propio esquema, así que una herramienta nueva aparece utilizable sin tocar una línea de interfaz.
El Reglamento de IA como mapa, no como opinión
Dieciocho categorías de uso clasificadas por nivel de riesgo con su lista de obligaciones, resueltas por una tabla determinista. El agente redacta el dictamen, pero no puede mover el nivel: eso lo decide la norma, no el modelo. Es la diferencia entre un informe que se sostiene ante un inspector y uno que suena bien.
Pregunta frecuente
¿Por qué un modelo pequeño en local y no uno grande en la nube?
Porque la soberanía era el requisito, no un adorno: el expediente de un cliente —qué sistemas tiene, qué datos, dónde está flojo— es material sensible, y la plataforma se diseñó para que no saliera de la máquina. Hoy su gran fuerza está en estructurar y decidir; para la redacción larga, el paso siguiente es una pasarela con perfiles: el enrutado y los embeddings se quedan en local, la redacción larga puede salir a un modelo frontera sin los identificadores del cliente, y queda un modo íntegramente soberano para quien lo exija por contrato. La arquitectura ya está preparada para eso, y es el próximo trabajo.
Funciona de principio a fin y está probada. Los dos siguientes pasos para abrirla a clientes: la pasarela de modelos, para redactar documentos largos con calidad de envío, y un motor de entrevista que recoja la información directamente del cliente.
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